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lunes, 25 de enero de 2016

Lunes o martes - Virginia Woolf (nacida un 25 de Enero de 1882)

Lunes o martes
Perezosa e indiferente, sacudiendo fácilmente el aire con sus alas, segura de su camino, la garza surca el cielo sobre la iglesia. Blanco y distante, absorto en sí mismo, el cielo se cubre y se descubre sin cesar, se mueve y se detiene. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Oh, perfecto… el oro del sol en las laderas. Cae. Luego, helechos, o plumas blancas, por siempre jamás...
Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando eternamente (se oye un grito a la izquierda, otro a la derecha. Las ruedas giran en distintas direcciones. Los autobuses se aglomeran en pugna)… deseando eternamente (el reloj asevera con doce inconfundibles campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; los niños salen en tropel)… deseando eternamente la verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo asciende lentamente desde  las chimeneas; ladridos, voces, gritos. «Compro metal»... ¿Y la verdad?
Como rayos que se dirigen a un mismo punto,  pies de hombre, pies de mujer, negros o con incrustaciones doradas… (Esta niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La Commonwealth del futuro), la luz del fuego del hogar salta y tiñe de  rojo la estancia, pero no a las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras una furgoneta descarga en el exterior, la señorita Thingummy toma el té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen los abrigos de piel.
Mecida por el viento, ligera como una  hoja, amontonada en los rincones, empujada a través de  las ruedas, salpicada de plata, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, desperdiciada en diferentes balanzas, barrida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?
Recordar ahora junto al fuego la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en chispas fugaces; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, más allá alminares y los mares de la India, mientras los espacios azules vuelan y las estrellas centellean... ¿la verdad?, o bien, ¿contentarse con su proximidad?
Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; luego las desnuda.

Traducción: Catalina Martínez Muñoz

viernes, 22 de enero de 2016

Niña Tierra I

I.              El invierno picaba

El invierno picaba
en las pupilas ciegas
bajo la red de niebla.

Los espinos crecían
del centro del ombligo.

La piel corteza gélida
añoraba la brisa,
el roce de la piel.

Los hombres y mujeres
se encerraban en cajas
de cristal sin fuente
donde anidaba el miedo
pringoso en las paredes.